Un gesto con costo: la ausencia de Milei en el sorteo del Mundial y la cancelación de la visita de Scott Bessent

El reciente giro diplomático entre la Argentina y Estados Unidos comenzó en lo que podía haber sido un acto simbólico: la presencia del presidente Javier Milei en el sorteo del Mundial 2026, que se celebrará en el Kennedy Center de Washington, junto al mandatario estadounidense Donald Trump y la cúpula de la FIFA. Esa participación lo hubiera situado como invitado VIP, con un palco reservado al más alto nivel.
Sin embargo, en medio de una escalada de tensiones con la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) y con su presidente Claudio Tapia —tras decisiones controversiales y sanciones a clubes— Milei decidió suspender su viaje y no asistir al sorteo. Fuentes oficiales describieron el anuncio como una “decisión del Presidente”, confirmada por el jefe de Gabinete con un mensaje breve en redes: “El Presidente de la Nación ha decidido no realizar el viaje previsto para presenciar sorteo del Mundial de fútbol”.
El trasfondo de esta renuncia es un duro enfrentamiento entre el Gobierno y la AFA, después de sanciones controversiales —como la imposición de seis meses de suspensión a un club y sus dirigentes, tras incidentes en la Liga Argentina— y acusaciones de irregularidades vinculadas a documentos sanitarios de los clubes.
Para la Casa Rosada, la decisión de Milei representaba una muestra de rechazo hacia una estructura institucional del fútbol que, según alertaban, acumulaba irregularidades y corporativismo. Pero ese gesto de corte doméstico tuvo consecuencias más allá de los límites nacionales: generó una reacción negativa desde Washington.
En efecto —y ante el malestar por la cancelación del viaje del mandatario argentino— el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, decidió suspender indefinidamente su visita a la Argentina, prevista originalmente para los primeros días de diciembre. Esa visita tenía un peso simbólico y práctico: estaba planteada como parte de un plan de aprobación de acuerdos económicos y comerciales entre ambos países, incluyendo reuniones clave con inversores y empresarios a través del Argentine Business Council.
El gobierno argentino admitió su sorpresa ante esta decisión, aunque intentó despejar temores asegurando que, según funcionarios consultados, el tratado comercial entre Argentina y Estados Unidos “seguirá su curso”. Dijeron que están trabajando en la adaptación de la legislación local y que los equipos técnicos de ambos lados ya revisan los detalles para cristalizar el acuerdo.
La suspensión de la visita de Bessent implica un atraso concreto en una agenda que para el oficialismo tenía carácter urgente: hoy México, Estados Unidos y Canadá coorganizan el Mundial 2026, y las relaciones diplomáticas —acompañadas por vínculos comerciales y financieros— eran vistas por el Gobierno como una oportunidad para consolidar apoyos externos. Pero el gesto de Milei —orientado a lo interno y cargado de simbolismo doméstico— podría costarle caro a esa estrategia.
Queda ahora por verse si la Casa Rosada podrá recuperar terreno en Washington, o si la tensión recién empieza. El rechazo de la AFA, la postura de Milei, la cancelación de encuentros bilaterales y las consecuencias económicas y diplomáticas configuran un episodio clave: un corte entre deporte, política interna y relaciones exteriores que reconfigura prioridades.
Por ahora, la política doméstica logró marcar su huella ‒–pero a cambio dejó una fractura visible en el vínculo con Estados Unidos.





