Villarruel escala la interna oficialista y tilda de “casta” a referentes del Gobierno en un nuevo episodio de tensión

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La vicepresidenta Victoria Villarruel protagonizó un nuevo capítulo de la interna dentro del oficialismo al lanzar duras críticas contra funcionarios y dirigentes alineados con el presidente Javier Milei, a quienes calificó como “lo peor de la casta política”. El episodio vuelve a exponer la profundidad del conflicto en la cúpula del poder Ejecutivo.

Las declaraciones se produjeron luego de que Villarruel decidiera no asistir a la misa en la Basílica de Luján realizada en homenaje al papa Francisco, en el primer aniversario de su fallecimiento. En cambio, la vicepresidenta optó por participar de una ceremonia en otra iglesia de la Ciudad de Buenos Aires, desde donde realizó sus cuestionamientos.

En ese contexto, la titular del Senado apuntó directamente contra el vocero presidencial Manuel Adorni, el diputado Diego Santilli y el presidente de la Cámara baja Martín Menem, quienes habían participado del acto oficial. La vicepresidenta justificó su ausencia señalando que no quería compartir el espacio con sectores que identifica como parte de la “casta”.

“Prefiero estar con la gente, con otros argentinos”, sostuvo Villarruel ante la prensa, al tiempo que cuestionó la presencia de dirigentes políticos en actos que, según su visión, deberían tener un carácter estrictamente religioso o ciudadano. Esta definición introduce un componente simbólico en la disputa, al vincular la interna política con el uso de fechas y eventos de alto contenido social.

El episodio no aparece como un hecho aislado, sino como parte de una escalada sostenida de tensiones dentro del oficialismo. La relación entre Milei y Villarruel viene deteriorándose desde el inicio de la gestión, con diferencias tanto en la distribución del poder como en la orientación política del gobierno, que se han traducido en enfrentamientos públicos cada vez más frecuentes.

Desde una perspectiva política, las declaraciones de la vicepresidenta refuerzan la idea de una fractura interna que ya no se limita a desacuerdos de gestión, sino que adquiere un carácter discursivo e identitario. El uso del término “casta”, central en la narrativa del oficialismo, aplicado a figuras del propio espacio, implica una ruptura conceptual con la construcción política del Gobierno.

Asimismo, el conflicto tiene implicancias institucionales. Villarruel no solo ocupa la vicepresidencia, sino que también preside el Senado, lo que le otorga capacidad de incidencia en la agenda legislativa. La profundización de la disputa interna podría impactar en la coordinación política necesaria para avanzar en proyectos clave del Ejecutivo.

En el plano simbólico, la decisión de diferenciarse en un acto vinculado a la figura del papa Francisco introduce una dimensión adicional. La utilización de espacios religiosos como escenario de posicionamientos políticos refleja la ampliación del conflicto hacia ámbitos que trascienden la disputa partidaria tradicional.

Por otra parte, las críticas dirigidas a dirigentes como Adorni, Santilli y Menem evidencian que la tensión no se limita al vínculo entre presidente y vicepresidenta, sino que se extiende a distintos actores del oficialismo, consolidando un clima de fragmentación interna.

Finalmente, el nuevo cruce protagonizado por Villarruel confirma la persistencia de una interna que condiciona la dinámica del Gobierno. La evolución de este conflicto será determinante no solo para la estabilidad política del oficialismo, sino también para su capacidad de sostener una agenda de gestión en un escenario cada vez más atravesado por disputas de poder.