La trampa que sigue a Milei: ¿por qué subestimar a su electorado es un error recurrente?

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Mientras la figura de Javier Milei avanza a pasos agigantados en el tablero político argentino, un fenómeno clave parece repetirse: la inclinación del resto del sistema político, de los medios y de los analistas a subestimar tanto al líder libertario como al perfil de su votante. Este error, sostienen varios editorialistas, puede tener consecuencias profundas en el presente y futuro de la gobernabilidad y del mapa electoral del país.

Subestimar un fenómeno

Según un artículo de opinión en Perfil —“La eterna trampa de subestimar a Milei (y a su electorado)”—, no alcanza con explicar el éxito del espacio La Libertad Avanza en términos de “bronca, miedo o antiperonismo”. Estos elementos juegan, sí, pero dejan afuera aspectos más estructurales: un descontento cultural, una generación de votantes que no se siente representada, una narrativa alternativa, e incluso, un desconocimiento por parte de los analistas de cómo opera ese nuevo núcleo electoral.
En ese sentido, se advierte que minimizar ese electorado —como si fuera volátil o pasajero— es ignorar que ya forma parte del mapa político, y que seguirá vigente.

¿Por qué ocurre esta subestimación?

Hay múltiples causas que generan este fenómeno de error reiterado:

  • Las encuestas tradicionales suelen no “captar” a tiempo los movimientos reales en el electorado o cómo se estructura un “nuevo voto”. En gran parte, porque los votantes pueden ocultar su preferencia o porque los instrumentos no están calibrados para ese cambio rápido. En la investigación “Why polls fail to predict elections” se analiza justamente cómo los métodos tradicionales fallan en muchos contextos.

  • El sistema político argentino tiene un sesgo de interpretación basada en estructuras antiguas (peronismo vs. no peronismo). Cuando aparece un fenómeno distinto —como el de Milei— los actores tienden a reducirlo a lo ya conocido (“es sólo bronca”, “es antisistema”) y no investigan qué tan profundo o sostenido es.

  • La novedad del fenómeno libertario y su estilo: discursos agresivos, rupturistas, formatos poco convencionales, lo que lleva a que buena parte de la opinión pública y los medios lo vean como “irregular” o “transitorio”.

Las implicancias políticas

Si se subestima al electorado de Milei, se abren varios riesgos y oportunidades:

  • Riesgo: que sectores políticos tradicionales no prevean su avance o expansión, y se encuentren desprevenidos cuando el fenómeno se consolida.

  • Oportunidad: para el propio Milei y su espacio, que pueden capitalizar esa “infraestimación” como ventaja estratégica, construyendo donde otros no miraban.

  • Gobernabilidad: si el sistema ignora que una parte significativa de la ciudadanía está movilizada bajo otra lógica, se dificulta la construcción de consensos o se generan sorpresas en momentos clave (leyes, reformas, elecciones provinciales).

  • Institucionalidad: reconocer a ese electorado como parte estable implica que el gobierno debe pensar también en políticas que respondan a esa base, no sólo en discursos de cambio.

¿Qué hay detrás del electorado de Milei?

El artículo de Perfil invita a mirar más allá del “castigo” o la antipolítica. Algunas pistas:

  • No se trata únicamente de un voto de enfado, sino de un voto de expectativas de transformación —aunque combinadas con riesgo e incertidumbre.

  • Ese electorado incluye jóvenes, clases medias urbanas, personas desencantadas con los partidos tradicionales y con déficit de representación.

  • También hay una dimensión cultural: rechazo al status quo, al “pie del gobierno”, temor a la decadencia del país, aspiración a un cambio radical.
    Por tanto, no es un electorado homogéneo ni simple de “leer”, y por eso los análisis que lo tratan como tal tienden a fallar.

La “eterna trampa” de subestimar a Milei y a su electorado no es sólo una frase de efecto: es un llamado de atención. Si el sistema político argentino –y los analistas– persisten en enfocarse sólo en lo visible (los gestos, los discursos) y no en lo estructural (el perfil del votante, la construcción de una nueva lógica política), corren el riesgo de repetir viejos errores. Para Milei, sin duda, esa evaluación errónea de sus oponentes puede ser una ventaja. Pero para el país, ignorar este cambio puede dificultar la gobernabilidad en momentos donde la fragmentación política ya es una constante.