Debutó en la mesa chica, pero el malhumor del “Colorado” sigue creciendo

La integración del flamante ministro del Interior, Diego Santilli, a la mesa chica del gobierno de Javier Milei marcó un cambio organizativo, pero al mismo tiempo dejó al descubierto crecientes tensiones internas en el ala “colorada” del oficialismo. El malestar se refleja en promesas incumplidas, vaciamiento de funciones y expectativas de poder que no se están cumpliendo.
La promesa de funciones que no llegan
Santilli asumió con la promesa de retomar el control del Registro Nacional de las Personas (RENAPER), una dependencia estratégica para el Gobierno. Fuentes del sector “colorado” aseguran que el decreto que oficializaría esa devolución aún no apareció, lo que alimenta frustración entre sus seguidores.
Además, se señala que ciertas funciones del Interior fueron vaciadas, en parte reasignadas a la Secretaría General de la Presidencia y a otros organismos, lo cual es interpretado como una muestra de que Santilli “debutó” en la mesa chica sin las herramientas de poder esperadas.
Mesa chica: ¿símbolo de centralización o de inclusión?
La creación de la mesa chica libertaria —que reúne a los funcionarios de alto nivel del Gobierno— fue pensada como un instrumento de decisión ágil. Sin embargo, algunos de los actores tradicionalmente vinculados al núcleo “colorado” sienten que fueron desplazados o que su rol quedó disminuido.
El contraste entre la lógica tradicional de partidos fuertes y el estilo “líquido” del gobierno actual genera un choque: mientras unos buscan estructura partidaria, otros enfatizan la gestión directa y la tecnocracia.
Reacciones del sector colorado
Según el artículo, el malhumor no es un simple reclamo aislado sino un síntoma más amplio del malestar interno:
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Militantes “colorados” expresan que la derrota en distritos clave y la pérdida de protagonismo territorial les generan incertidumbre.
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Se intensifica el debate sobre la estrategia del partido: ¿seguir en tándem con el nuevo gobierno o recusar el modelo actual y posicionarse de forma más autónoma?
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En privado, se comenta que la “mesa chica” se volvió un foro técnico más que político, lo que aleja a quienes aún esperan cuotas de representación tradicional.
Implicancias políticas y futuras contiendas
La situación adquiere relevancia de cara a los comicios municipales de 2026. Si el sector colorado no logra revertir la sensación de pérdida de poder, podría ver un descenso electoral.
Para el Gobierno, manejar el malestar interno sin perder el impulso de gestión será clave: una fractura en el oficialismo podría abrir espacios para la oposición.
Para el partido colorado, el reto estará en reconectar con su base, encontrar nuevos liderazgos y definir si su alianza con el Gobierno se traduce realmente en poder de decisión o se convierte en una formalidad.
El “debut” de Diego Santilli en la mesa chica del gobierno fue simbólico: refleja el cambio en la conducción política y el intento de Milei de armar un núcleo decisorio más compacto. Pero el malhumor creciente del ala “colorada” demuestra que la transición está lejos de ser armoniosa. El gobierno avanza; el partido siente que pierde terreno. La pregunta ahora es si ese desbalance se corregirá internamente o si terminará beneficiando a otros actores en la arena electoral.





