Llenar el changuito en La Rioja supera los $830 mil mensuales pese a estar entre las provincias más baratas

El costo de la canasta básica alimentaria continúa en ascenso en Argentina y ya impacta de forma significativa en el presupuesto de los hogares. Un informe reciente reveló que en la provincia de La Rioja el gasto mensual para llenar el changuito del supermercado supera los $830 mil para una familia de clase media, una cifra que refleja el fuerte encarecimiento del consumo básico incluso en regiones consideradas relativamente más económicas.
De acuerdo con el relevamiento realizado por la consultora Analytica, el costo promedio mensual para adquirir alimentos en la provincia asciende a $832.865. Este monto posiciona a La Rioja entre las jurisdicciones donde resulta más barato llenar el changuito en comparación con otras provincias del país, aunque el nivel del gasto continúa siendo elevado en términos absolutos para gran parte de los hogares.
El informe también evidencia importantes diferencias regionales dentro del territorio nacional. En el extremo opuesto del ranking aparecen varias provincias de la Patagonia, donde el costo de los alimentos es significativamente más alto. Entre las jurisdicciones más caras se encuentran Santa Cruz, Chubut, Tierra del Fuego, Neuquén y Río Negro, territorios donde la logística, las distancias y las condiciones económicas influyen directamente en la formación de precios.
Los especialistas explican que estas disparidades regionales responden a múltiples factores estructurales. Entre ellos se destacan los costos de transporte, las particularidades del sistema de distribución, los niveles salariales y las condiciones económicas propias de cada región. Todos estos elementos inciden en el precio final que pagan los consumidores por los productos alimenticios.
A pesar de que La Rioja se ubica entre las provincias más accesibles del relevamiento, el estudio advierte que los precios de los alimentos continúan registrando aumentos en distintos rubros. En los últimos meses se observaron subas en varios productos de consumo masivo que forman parte habitual de la canasta familiar, lo que mantiene la presión sobre el presupuesto doméstico.
Entre los productos que experimentaron incrementos más marcados se encuentran el aceite de girasol, el yogur bebible y los huevos. Estos aumentos se registraron en distintas regiones del país y reflejan la persistencia de presiones inflacionarias dentro del sector alimentario, incluso en un contexto de desaceleración general de la inflación en algunos indicadores macroeconómicos.
El impacto de este escenario también se percibe en el comportamiento del consumo. Diversos análisis del sector comercial indican que las familias están adoptando estrategias para sostener su capacidad de compra, como la búsqueda de promociones, el reemplazo de productos por opciones más económicas o la reducción de determinadas categorías de consumo.
Esta dinámica refleja el deterioro del poder adquisitivo que atraviesan amplios sectores de la sociedad. Aunque algunos indicadores económicos muestran intentos de estabilización, la evolución de los precios de los alimentos continúa siendo uno de los factores más sensibles para la economía cotidiana de los hogares.
En este contexto, el costo de llenar el changuito del supermercado se mantiene como uno de los indicadores más claros del impacto de la inflación sobre la vida diaria. Incluso en provincias consideradas más baratas dentro del mapa nacional, el gasto mensual necesario para cubrir las necesidades básicas de alimentación representa un desafío creciente para las familias de clase media.





