Armando Molina concentra el poder de su gestión en un solo funcionario en la Municipalidad de La Rioja

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El intendente de La Rioja, Armando Molina, realizó recientemente una modificación estratégica en su estructura de gobierno municipal que, según críticos y observadores políticos locales, centraliza gran parte del poder operativo y de gestión en un solo colaborador de su confianza.

La decisión consistió en la designación de Gonzalo Bustos como secretario general municipal, un cargo clave dentro del organigrama de la comuna, y en la concentración bajo su órbita de las secretarías de Obras Públicas y de Servicios Públicos, dos de las áreas más relevantes por su volumen financiero y operativos dentro del municipio.

Hasta esta modificación, Bustos ya ejercía la titularidad de la Secretaría de Obras Públicas, y con el nuevo nombramiento ahora administra también la gestión de Servicios Públicos y actúa como enlace directo con la intendencia, lo que le confiere una posición de influencia central en las decisiones administrativas y de ejecución de políticas municipales.

Según fuentes consultadas en el entorno de la intendencia, Molina considera a Bustos su principal brazo operativo, al punto de que su rol se percibe como el de “mano derecha” dentro de la gestión municipal. En ámbitos políticos locales incluso circula la expresión de que otros funcionarios son percibidos como meramente decorativos, mientras que las decisiones concretas pasan por Bustos sin requerir autorizaciones adicionales.

El movimiento se interpreta en clave política en un año en el que el jefe comunal ya empieza a mirar la agenda electoral de 2027, donde enfrentará desafíos tanto dentro de su propio partido como en la competencia general. Al interior del peronismo provincial y capitalino, hay ya pronunciamientos de aspirantes que cuestionan la estrategia de reforzar posiciones individuales frente a una necesidad de mayor equilibrio territorial.

Otra línea de análisis vinculada a la maniobra remarca que la concentración de funciones en una sola figura técnica, sin trayectoria política visible, responde a una apuesta de Molina por un perfil de gestión más tecnocrático, pero también abre el debate sobre formas de conducción y transparencia en la toma de decisiones municipales en la capital riojana.

En síntesis, la restructuración implementada por el intendente —que otorga mayor centralidad y responsabilidad a un solo funcionario para áreas clave de la administración pública local— ha generado opiniones diversas entre referentes políticos y sociales de la provincia y marca una pauta de cómo se posiciona Molina de cara a los próximos desafíos electorales y de gestión.