Sube la nafta: el litro supera los $2.000 tras el ajuste impositivo para rutas y subsidios

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El precio de la nafta volvió a dispararse en todo el país: con los nuevos impuestos, en muchas estaciones de servicio el litro supera los $2.000, aunque el precio internacional del petróleo haya bajado. El ajuste responde, principalmente, a la reciente actualización del impuesto sobre los combustibles líquidos (ICL) y el gravamen al dióxido de carbono (IDC) aplicada por el Gobierno a partir de diciembre.

Qué impuestos cambiaron y cuánto aumentaron los combustibles

  • Desde el 1° de diciembre, la nafta súper y la nafta virgen incorporaron un aumento combinado de $16,37 por litro del ICL y $1,003 por litro del IDC.

  • En el caso del gasoil, el incremento por ICL fue de $13,54 por litro, a lo que se suman otros ajustas específicos (como alícuota regional y al gravamen ambiental), según la normativa vigente.

  • Más allá de este ajuste puntual, el Gobierno pospuso en varias ocasiones aumentos anteriores —acumulados durante 2024 y buena parte de 2025— lo que generó un efecto “acumulativo”: al aplicarse de golpe parte del atraso, el impacto en el surtidor se siente con fuerza.

¿Por qué subió la nafta aunque baje el petróleo?

El contexto internacional muestra una caída en el precio del crudo, lo que podría haber beneficiado a los consumidores. Sin embargo, el sistema de gravámenes internos tiene un peso clave: el impuesto a los combustibles está fijado en pesos por litro y se actualiza trimestralmente según la inflación. Al trasladarse ese ajuste, el aumento del combustible no depende ya del barril, sino del costo fiscal interno.

El gobierno justificó el incremento —y la aplicación de impuestos atrasados— como parte de una estrategia para financiar el mantenimiento de rutas, obras viales y subsidios al transporte público, con el argumento de que era necesario normalizar los ingresos del Estado tras años de postergaciones.

Consecuencias para los consumidores y la economía doméstica

  • Muchas familias ya empiezan a sentir el impacto: llenar un tanque cuesta considerablemente más, lo que afecta especialmente a quienes usan el auto para trabajar o viajar al interior.

  • El aumento empuja la inflación hacia arriba, porque el combustible incide directamente sobre costos de transporte, distribución de bienes, tarifas de servicios, etc.

  • Sectores sensibles —como transporte de carga, producción agrícola o comercios minoristas— advierten que podrían trasladar este extra a precios al consumidor, lo que aumentaría el costo de vida general.

El factor político: impuestos necesarios, pero dolorosos

Para el Gobierno, el ajuste tenía carácter “necesario”: tanto para cumplir con obligaciones fiscales como para garantizar el financiamiento de rutas y transporte. Pero para muchos ciudadanos representa otro golpe al bolsillo, en un contexto económico ya complejo, lo que puede generar descontento social.

Este tipo de decisiones también abren el debate político: mientras algunos defienden que los impuestos al combustible son esenciales para infraestructura y movilidad, otros advierten que debería combinarse con políticas de alivio, regulación de precios o subsidios focalizados para evitar un impacto desmedido sobre los sectores vulnerables.