Salarios en caída por sexto mes consecutivo y señales de destrucción de empleo agravan el frente económico

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La economía argentina vuelve a mostrar señales de deterioro en el frente laboral tras confirmarse que el salario real registró su sexta caída consecutiva, en un contexto donde la inflación continúa superando los ingresos y se acumulan indicios de destrucción de empleo formal. El fenómeno combina pérdida de poder adquisitivo con retracción del mercado laboral, configurando un escenario de creciente fragilidad social.

De acuerdo con los últimos datos disponibles, los salarios registrados —tanto del sector público como privado— volvieron a ubicarse por debajo de la inflación mensual. En febrero, los ingresos crecieron alrededor de 1,8%, mientras que el índice de precios alcanzó el 2,9%, lo que implicó una nueva caída del poder adquisitivo y consolidó una tendencia descendente sostenida durante medio año.

El deterioro no es marginal. En los últimos seis meses, la pérdida acumulada del salario real ronda el 4,3%, mientras que desde el inicio de la actual gestión económica el retroceso supera el 8% en promedio. Esta dinámica impacta de manera directa en el consumo interno, principal motor de la economía argentina, y limita la capacidad de recuperación en otros sectores productivos.

El impacto es especialmente severo en el sector público, donde la caída del poder adquisitivo alcanza niveles significativamente más altos que en el ámbito privado. Sin embargo, incluso los trabajadores registrados del sector privado —tradicionalmente más protegidos frente a la inflación— muestran pérdidas sostenidas, lo que evidencia una generalización del fenómeno en todo el mercado laboral formal.

En paralelo, los indicadores de empleo refuerzan el cuadro de deterioro. Entre enero de 2025 y enero de 2026 se perdieron más de 124.000 puestos de trabajo registrados, mientras que la destrucción acumulada desde fines de 2023 supera los 300.000 empleos formales. Este proceso se concentra principalmente en sectores como la industria, la construcción y el comercio, históricamente intensivos en mano de obra.

La contracción del empleo no solo se expresa en la pérdida de puestos, sino también en el cierre de unidades productivas. Datos recientes señalan que miles de empresas dejaron de operar en el último año, reflejando una retracción del entramado productivo que condiciona la generación futura de empleo. Este fenómeno introduce un componente estructural que va más allá de la coyuntura inflacionaria.

A su vez, la caída del empleo formal está siendo parcialmente compensada por el crecimiento de la informalidad. El porcentaje de trabajadores no registrados continúa en aumento y ya supera el 40% del total, con ingresos significativamente inferiores a los del sector formal. Este desplazamiento hacia formas precarias de ocupación agrava la desigualdad y reduce la protección social.

Desde una perspectiva macroeconómica, el deterioro salarial está estrechamente vinculado a la dinámica inflacionaria. La aceleración de precios —que alcanzó niveles mensuales superiores al 3% en marzo— erosiona sistemáticamente los ingresos y dificulta la recomposición mediante paritarias, especialmente en un contexto de ajuste fiscal y contención del gasto público.

En el plano político, la situación abre un debate sobre la efectividad de la estrategia económica del gobierno. Mientras el oficialismo sostiene que el ajuste es necesario para estabilizar variables macroeconómicas, sectores críticos advierten que el costo social del proceso se refleja en la pérdida de ingresos y en el deterioro del empleo, con impacto directo en amplios sectores de la población.

Asimismo, la combinación de caída salarial y destrucción de empleo plantea desafíos para la gobernabilidad. La presión sobre el ingreso disponible, sumada a la precarización laboral, incrementa el malestar social y tensiona la relación entre el gobierno, los sindicatos y el sector productivo, en un contexto donde las expectativas de recuperación aún no se consolidan.

Finalmente, el escenario actual configura un punto crítico para la economía argentina. La persistencia de la inflación, la debilidad del mercado laboral y la caída del poder adquisitivo delinean un panorama complejo, donde la capacidad de revertir estas tendencias será determinante para la estabilidad económica y social en el corto y mediano plazo.