El Gobierno eliminó el ítem de presentismo del salario de los empleados públicos y crece la tensión con los gremios estatales

El Gobierno nacional eliminó el ítem de presentismo de los sueldos de los empleados públicos, generando un debate inmediato entre trabajadores estatales, gremios y sectores políticos sobre el alcance y las implicancias de la medida en la política salarial y laboral del sector público argentino. La decisión, adoptada en el marco de la última liquidación de haberes, implica que el monto adicional asociado a la asistencia perfecta —un componente no remunerativo que podía representar una suma significativa en el ingreso mensual— deja de percibirse hasta que se firme un nuevo acuerdo paritario que lo contemple.
La medida se traduce en la supresión de un concepto extra que, si bien no forma parte del salario básico, era reconocido en la liquidación periódica como “premio estímulo a la asistencia”. Según trascendió, el Ejecutivo no extendió la vigencia del componente tras el vencimiento del acuerdo anterior, lo que habilitó su exclusión automática de los recibos de sueldo en ausencia de una nueva negociación colectiva que lo garantice.
El impacto fue inmediato entre los trabajadores del Sistema Nacional de Empleo Público (SINEP), quienes advirtieron que la pérdida del presentismo afecta de manera directa el ingreso mensual de miles de agentes. Para muchos empleados estatales, este ítem representaba no solo un incentivo vinculado a la asistencia sin inasistencias injustificadas, sino también un complemento relevante para sostener el poder adquisitivo en un contexto de alta inflación.
Los principales sindicatos del sector, entre ellos la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN) y la Asociación Trabajadores del Estado (ATE), cuestionaron la decisión y señalaron que la falta de un acuerdo paritario actualizado evidencia una ruptura en la dinámica de negociación con el Gobierno. Desde el ámbito gremial sostienen que la eliminación del ítem, aunque formalmente fundada en la caducidad del acuerdo, opera en los hechos como un recorte salarial.
Desde la perspectiva oficial, en cambio, la supresión del presentismo responde a criterios técnicos y jurídicos. Funcionarios vinculados al área de administración pública sostienen que, sin una paritaria vigente que respalde la continuidad del beneficio, el Estado no puede liquidar un componente no remunerativo que no esté formalmente acordado. Bajo este argumento, la medida no constituiría un ajuste discrecional, sino la aplicación estricta del marco normativo.
Sin embargo, el trasfondo político de la decisión excede la discusión legal. La eliminación del presentismo se inscribe en una política más amplia de revisión del gasto público y de reordenamiento de la estructura salarial del Estado. En ese marco, la medida es leída por sectores opositores y gremiales como un nuevo capítulo en la estrategia oficial de reducción del gasto y de modificación de las condiciones del empleo público.
El conflicto también revela la fragilidad de las instancias paritarias en el actual escenario económico. La falta de acuerdo sobre aumentos salariales y la exclusión de componentes adicionales tensionan la relación entre el Ejecutivo y los sindicatos estatales, en un contexto donde el deterioro del poder adquisitivo es una preocupación central para el sector público.
De cara a las próximas negociaciones, el desafío institucional radica en recomponer un marco de diálogo que permita definir una nueva estructura salarial, ya sea reincorporando el presentismo o sustituyéndolo por mecanismos alternativos de compensación. La evolución de esta disputa será clave para evaluar el clima laboral en la administración pública y el impacto político de las decisiones salariales del Gobierno en un año marcado por debates estructurales sobre el rol y el tamaño del Estado.





