Milei relativiza la suba de la inflación y atribuye el aumento a factores estacionales y al precio de la carne

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El presidente Javier Milei volvió a pronunciarse sobre el dato de inflación de marzo, que se ubicó en torno al 3,4%, y buscó relativizar su impacto al sostener que el índice se encuentra condicionado por factores transitorios, entre los que destacó especialmente el aumento en el precio de la carne.

Durante su exposición en el AmCham Summit 2026, el mandatario reconoció que el dato inflacionario “es malo” y expresó su rechazo al fenómeno, aunque inmediatamente planteó una lectura alternativa centrada en la composición del índice. En ese sentido, argumentó que si se excluyera el impacto del aumento de la carne, la inflación se ubicaría en niveles cercanos al 2,5%, en línea con los registros previos.

La afirmación se inscribe en una estrategia discursiva orientada a diferenciar entre lo que el Gobierno considera inflación estructural y los efectos de shocks puntuales. Según esta interpretación, el incremento de marzo respondería a una combinación de factores estacionales —como el inicio del ciclo lectivo— y a variables externas, como el encarecimiento de la energía y los alimentos.

En esa línea, el propio Presidente señaló que marzo es tradicionalmente un mes con alta estacionalidad inflacionaria, al tiempo que remarcó el impacto de la coyuntura internacional, particularmente la suba de precios energéticos vinculada a conflictos geopolíticos. A estos elementos sumó el aumento en el precio de la carne, que tuvo una incidencia significativa en el rubro alimentos.

El Gobierno también busca respaldar esta lectura a través del análisis de la denominada inflación núcleo, que excluye precios regulados y estacionales. Incluso dentro de ese indicador, algunos funcionarios comenzaron a difundir una medición alternativa que descuenta específicamente el impacto de la carne, con el objetivo de mostrar una dinámica más estable del proceso inflacionario.

Sin embargo, esta interpretación genera cuestionamientos entre economistas y sectores de la oposición, que advierten sobre los riesgos de segmentar el índice para minimizar su impacto político. En ese marco, sostienen que la inflación debe analizarse en su totalidad, ya que los aumentos en alimentos —y particularmente en la carne— tienen un efecto directo sobre el costo de vida de la población.

Desde una perspectiva política, las declaraciones de Milei reflejan la tensión entre los objetivos del programa económico y los resultados concretos en materia de precios. El oficialismo sostiene que el proceso de desinflación continúa vigente, aunque admite interrupciones vinculadas a factores extraordinarios que distorsionan la trayectoria descendente.

A nivel macroeconómico, el dato de marzo confirma una desaceleración más lenta de lo esperado. Si bien el Gobierno apuesta a que la inflación retome una senda descendente en los próximos meses, la persistencia de registros por encima del 3% plantea interrogantes sobre los tiempos del proceso de estabilización.

Finalmente, el episodio vuelve a poner en evidencia la centralidad del debate inflacionario en la agenda pública. Más allá de las interpretaciones técnicas, la evolución de los precios sigue siendo el principal indicador de evaluación de la gestión económica, con implicancias directas tanto en el plano político como en las condiciones de vida de la población.