La Rioja en alerta productiva: advierten que cerró el 16% de las empresas desde la asunción de Milei

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La situación económica en la provincia de La Rioja volvió a ubicarse en el centro del debate tras la difusión de datos que indican una fuerte contracción del entramado productivo local. Según información aportada por referentes empresariales, desde la asunción del presidente Javier Milei en diciembre de 2023, la provincia habría perdido alrededor del 16% de sus empresas, configurando uno de los indicadores más críticos a nivel nacional.

El dato fue expuesto por la Cámara Empresarial Riojana, a través de su vicepresidente, quien señaló que la caída del tejido empresarial responde a una combinación de factores estructurales y decisiones de política económica. En particular, se destacó el impacto directo de la paralización de la obra pública como uno de los elementos centrales que afectaron el funcionamiento de la economía local.

De acuerdo con este diagnóstico, la interrupción de proyectos de infraestructura generó un efecto en cadena sobre el empleo y el consumo. La pérdida de puestos de trabajo en sectores vinculados a la construcción redujo la capacidad de gasto de la población, lo que a su vez impactó en el comercio y en las pequeñas y medianas empresas, pilares fundamentales de la economía provincial.

El escenario riojano se inscribe, además, en una tendencia más amplia de retracción del sector productivo a nivel nacional. Diversos informes coinciden en señalar que, desde el inicio de la actual gestión, se registró una caída significativa en la cantidad de unidades productivas en el país, con más de 24.000 empresas cerradas en ese período. Esta dinámica refuerza la idea de un proceso de reconfiguración económica con fuerte impacto en las economías regionales.

En ese contexto, La Rioja aparece como una de las jurisdicciones más afectadas. Distintos relevamientos ubican a la provincia en el primer lugar del ranking nacional de cierre de empresas, con una caída superior al promedio del resto de las provincias. La estructura productiva local, caracterizada por una alta dependencia del mercado interno y de la inversión pública, la vuelve particularmente vulnerable a los cambios en la política económica nacional.

El impacto no se limita al plano empresarial. La reducción del número de empresas tiene una consecuencia directa sobre el empleo formal, generando un aumento de la desocupación y una mayor presión sobre el sector informal. Este fenómeno contribuye a profundizar las dificultades sociales en una provincia que ya enfrentaba desafíos estructurales en materia de desarrollo económico.

Desde el sector privado también se plantearon posibles alternativas para mitigar la crisis. Entre ellas, se mencionó la necesidad de avanzar en una reducción de la carga impositiva provincial y municipal, así como la implementación de mecanismos que permitan reactivar el consumo interno. Sin embargo, estas propuestas aún se encuentran en discusión y no han sido implementadas de manera concreta.

En el plano político, la situación alimenta la tensión entre el gobierno provincial, encabezado por Ricardo Quintela, y la administración nacional. Desde La Rioja se ha insistido en la necesidad de revisar el esquema de distribución de recursos y de reactivar la inversión pública como motor de la economía regional, mientras que desde el Gobierno nacional se sostiene una estrategia orientada al equilibrio fiscal y la reducción del gasto.

La discusión también adquiere una dimensión simbólica en el marco del modelo económico en curso. Para sectores críticos, los datos reflejan las consecuencias de un programa de ajuste que impacta de manera desigual en el territorio, afectando con mayor intensidad a las provincias con menor diversificación productiva. Por el contrario, desde el oficialismo se argumenta que se trata de un proceso de transición hacia una economía más eficiente y competitiva.

En definitiva, el cierre del 16% de las empresas en La Rioja se consolida como un indicador relevante dentro del debate económico actual. Más allá de las interpretaciones políticas, el dato pone de relieve los desafíos que enfrentan las economías regionales en un contexto de transformación estructural, donde la sostenibilidad del entramado productivo y la generación de empleo se convierten en variables centrales para el futuro inmediato.