En el PJ admiten que se necesitan cambios: desde la conducción bajan línea para evitar una fractura interna

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Frente a la creciente presión por los resultados recientes y la tensión entre diferentes grupos del peronismo, el Partido Justicialista (PJ) ha dado señales claras: reconoce que debe renovarse y ajustar su estrategia para no caer en una ruptura abierta. Según voceros del partido citados por Infobae, los dirigentes nacionales están bajando línea para contener las disputas internas y recomponer su unidad antes de que se profundicen las grietas.

El diagnóstico del PJ es contundente: la derrota electoral y la falta de conexión con los votantes jóvenes y populares han acelerado la reflexión sobre su rumbo. Parte del peronismo advierte que los liderazgos tradicionales —asociados a la vieja guardia— ya no tienen el mismo peso o legitimidad entre las bases, por lo que consideran urgente promover recambios estructurales.

Dentro de esos recambios, uno de los ejes prioritarios para la conducción del PJ es el refuerzo de su presencia territorial. Quieren que los intendentes, gobernadores y cuadros locales recuperen protagonismo en la estrategia política nacional. Así lo expresaron líderes del partido, que ponen foco en la necesidad de reconstruir desde abajo para reconstruir hacia arriba.

Al mismo tiempo, los sectores más moderados del PJ están llamando a moderar los discursos y evitar medidas rupturistas que puedan alejar a votantes centristas. Esa línea pragmática —apuntan desde la conducción nacional— debe equilibrarse con la defensa de los valores identitarios del peronismo tradicional para generar una propuesta atractiva y amplia.

Otra señal de que el partido busca recomponerse es el impulso para fortalecer los mecanismos internos de deliberación: se habla de más espacios de diálogo entre corrientes, así como de una convocatoria a una gestión más colegiada. La idea es que los debates internos no queden solo en términos discursivos, sino que se traduzcan en acciones concretas.

Sin embargo, no todos están dispuestos a transigir fácilmente. Los sectores más críticos —especialmente los que promovieron agendas más duras en los últimos años— advierten que cualquier cambio superficial será insuficiente. Exigen una reforma real de estructuras, rendición de cuentas y una estrategia electoral renovada que les devuelva protagonismo.

En este escenario, la conducción del PJ parece jugar a dos bandas: reconocer públicamente la necesidad de transformación para calmar las aguas, pero al mismo tiempo evitar ceder tanto poder como para debilitar a la actual élite partidaria. Los próximos movimientos serán clave: si logran encauzar las tensiones internas, podrían presentarse como una fuerza viable frente al gobierno; si no, la fractura podría profundizarse.