Crece la preocupación por la morosidad de las familias y prevén que se mantenga en niveles altos

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La morosidad de las familias argentinas continúa mostrando niveles elevados y especialistas del sistema financiero advierten que, aunque el ritmo de crecimiento podría desacelerarse en los próximos meses, no se espera una mejora significativa en el corto plazo. Analistas anticipan un “amesetamiento” de la mora en valores altos debido al deterioro del poder adquisitivo, el endeudamiento acumulado y las dificultades crecientes para afrontar gastos corrientes.

El fenómeno impacta especialmente sobre créditos personales, tarjetas de crédito y financiamiento de consumo, segmentos donde se observa un incremento sostenido en atrasos de pago y refinanciaciones durante los últimos meses.

Según informes del sector financiero, muchas familias comenzaron a utilizar crédito para cubrir gastos básicos como alimentos, servicios y medicamentos, una situación que incrementó los niveles de vulnerabilidad económica en hogares de ingresos medios y bajos.

Especialistas sostienen que la desaceleración de la inflación registrada en algunos períodos no logró traducirse todavía en una recuperación real del poder de compra, mientras que salarios y jubilaciones continúan perdiendo capacidad frente al costo de vida acumulado.

En paralelo, las altas tasas de interés vigentes durante gran parte del último año incrementaron el peso financiero de las deudas y dificultaron aún más la capacidad de pago de los hogares endeudados.

Desde entidades bancarias y consultoras privadas señalan que actualmente muchas familias priorizan gastos esenciales y comienzan a postergar pagos vinculados a préstamos, cuotas o tarjetas, especialmente en sectores afectados por caída del consumo y pérdida de ingresos reales.

El escenario también preocupa a comercios y empresas financieras debido al aumento de refinanciaciones, retrasos y dificultades para sostener niveles de cobrabilidad estables dentro del sistema.

Analistas económicos consideran que la morosidad se convirtió en uno de los principales indicadores del deterioro social generado por el ajuste económico y la recesión que atraviesa el país.

El Gobierno de Javier Milei sostiene que la estabilización macroeconómica y la desaceleración inflacionaria permitirán una recuperación gradual de la economía durante los próximos meses. Sin embargo, distintos sectores advierten que el impacto sobre los ingresos familiares todavía continúa siendo muy fuerte.

En el mercado financiero observan además que el problema no se concentra únicamente en sectores de bajos recursos, sino que también alcanza a familias asalariadas de clase media que anteriormente mantenían niveles de endeudamiento relativamente controlados.

Algunas entidades comenzaron a endurecer criterios de otorgamiento de créditos y aumentar controles sobre perfiles de riesgo ante el temor de que los niveles de incumplimiento continúen elevados durante gran parte del año.

Economistas remarcan que el endeudamiento de los hogares creció fuertemente en los últimos meses como mecanismo para sostener consumo frente a la caída del ingreso real. Sin embargo, advierten que esa dinámica comienza a mostrar límites debido a la menor capacidad de pago de las familias.

El consumo interno, uno de los motores tradicionales de la economía argentina, también se ve afectado por este escenario de fragilidad financiera doméstica. Comercios y sectores vinculados al financiamiento en cuotas observan una reducción significativa de operaciones y un aumento en los niveles de incobrabilidad.

Mientras tanto, especialistas consideran que la evolución futura de la morosidad dependerá principalmente de variables como recuperación salarial, estabilidad inflacionaria, empleo y acceso a financiamiento menos costoso.

En definitiva, aunque algunos indicadores muestran una desaceleración en el ritmo de crecimiento de la mora, el sistema financiero y los analistas económicos coinciden en que la situación de endeudamiento familiar seguirá siendo delicada durante los próximos meses, con niveles de morosidad elevados y fuerte presión sobre la economía doméstica de millones de argentinos.