Con China en la mesa, un acuerdo financiero expone la dependencia económica que Javier Milei prometió cortar con Estados Unidos

El reciente acuerdo de financiamiento celebrado por la Argentina —incluyendo la participación de un banco chino— puso en evidencia la dependencia financiera internacional que el presidente Javier Milei había prometido reducir respecto a Estados Unidos, mientras mantiene lazos comerciales y financieros con China.
El caso se conoció la semana pasada, cuando el Banco Central de la República Argentina (BCRA) firmó un contrato de préstamo tipo “repo” por 3.000 millones de dólares con bancos internacionales para garantizar el pago de vencimientos de deuda por unos 4.200 millones de dólares programados para principios de enero de 2026. Entre las entidades que participaron de la operación, además de bancos occidentales tradicionales, figuró también el Bank of China, lo que sorprendió a analistas por la presencia de un actor financiero del gigante asiático en una coyuntura en la que Buenos Aires busca reforzar su posición estratégica con Washington.
Los acuerdos repo —acrónimo de repurchase agreement o “acuerdo de recompra”— son instrumentos financieros de corto plazo mediante los cuales una entidad —en este caso el BCRA— obtiene fondos a cambio de valores negociables, con el compromiso de recomprarlos en una fecha futura. En un contexto de reservas netas negativas y fuertes presiones sobre el mercado cambiario, esta clase de financiación ha sido utilizada por la actual administración para sostener pagos pendientes y sostener la liquidez del Tesoro.
Lo llamativo para muchos observadores es que, pese al discurso oficial de Milei sobre alineamiento geopolítico profundo con Estados Unidos, la operación revela que las necesidades financieras inmediatas de la Argentina no dependen exclusivamente de fuentes estadounidenses y que, en tiempos de tensión en los mercados, Beijing sigue siendo un contraparte relevante en términos crediticios. El Presidente ha sostenido públicamente que su administración no tiene intención de romper los lazos comerciales con China aunque se declare alineado con Washington en política exterior, diferenciando entre “geopolítica” —que asocia a Estados Unidos— y cuestión comercial y económica, en la que no planea cortar relaciones con Beijing.
Este episodio se inscribe en una realidad más amplia de la economía argentina: aunque el Gobierno busca consolidar respaldos políticos y financieros con Estados Unidos y sus aliados, la relación con China sigue siendo significativa, tanto por su peso como socio comercial como por su rol en instrumentos financieros y de crédito. Por ejemplo, la Argentina mantuvo acuerdos de swap de divisas con el Banco Popular de China valuados en miles de millones de dólares con vigencia extendida hasta mediados de 2026, lo que ilustra la persistencia de lazos financieros multianuales que no han sido cancelados de inmediato pese a las expectativas de corte.
La participación de un banco ligado a China en un repositorio de financiamiento clave para el pago de deuda expuso así un dilema práctico: si bien el discurso político promueve menor dependencia de Estados Unidos, las condiciones de mercado y el entramado financiero global hacen que la Argentina deba gestionar vínculos multilaterales que incluyen a China, Estados Unidos y otros actores, lo que complica cualquier intento de desvinculación unilateral estricta.
En suma, la operación financiera puso de manifiesto que la dependencia de financiamiento externo sigue siendo una vulnerabilidad estructural para la Argentina, y que los vínculos con grandes centros financieros —occidentales o asiáticos— continúan siendo determinantes para afrontar obligaciones de corto y mediano plazo del país.





