Aplazo generalizado a la dirigencia política: ningún líder logra imagen positiva, según una nueva encuesta

Una reciente encuesta nacional volvió a reflejar el profundo malestar social con la dirigencia política argentina. El estudio, realizado en conjunto por las consultoras D’Alessio IROL y Berensztein, midió la imagen de los principales referentes del oficialismo y la oposición y arrojó un resultado contundente: ninguno de los dirigentes evaluados consiguió un balance positivo entre opiniones favorables y desfavorables.
El sondeo revela un escenario de desgaste transversal que atraviesa a todo el sistema político. A pesar de las diferencias ideológicas y de pertenencia partidaria, los principales líderes comparten un denominador común: altos niveles de rechazo y una marcada dificultad para recuperar la confianza ciudadana en un contexto económico y social adverso.
Entre los datos más relevantes, se destaca que Martín Lousteau aparece como el dirigente con peor imagen del país, encabezando el ranking de rechazo. Su nivel de valoración negativa supera ampliamente al de otros referentes políticos, lo que evidencia el deterioro de su posicionamiento público.
En el oficialismo, si bien tampoco se registran resultados positivos, el informe muestra un reordenamiento interno. Patricia Bullrich se posiciona como la figura del Gobierno con mejor imagen relativa, incluso superando al presidente Javier Milei en términos comparativos. No obstante, ambos mantienen un saldo negativo, lo que refuerza la idea de un clima de desaprobación generalizada hacia la gestión y sus principales voceros.
La encuesta también refleja que la desaprobación no se limita a nombres propios, sino que expresa un cansancio más amplio con la política tradicional. La mayoría de los dirigentes evaluados concentra niveles elevados de imagen negativa, lo que sugiere una crisis de representación que trasciende coyunturas puntuales y pone en cuestión la capacidad del sistema político para canalizar las demandas sociales.
Según el análisis de las consultoras, estos resultados se explican por la persistencia de problemas estructurales como la inflación, la pérdida de poder adquisitivo y la incertidumbre económica, sumados a un clima de confrontación política constante que impacta negativamente en la percepción pública.
El informe concluye que, en este contexto, la dirigencia enfrenta el desafío de reconstruir credibilidad y legitimidad en una sociedad cada vez más crítica y distante de sus representantes. La ausencia de líderes con imagen positiva marca una señal de alerta para el conjunto del arco político y abre interrogantes sobre el futuro del vínculo entre la ciudadanía y quienes ejercen el poder.





