Tras la aprobación del Presupuesto 2026, el mercado financiero argentino reaccionó con tensión: tasas disparadas por encima del 140 % y fuerte venta de dólares por parte del Tesoro

La aprobación del Presupuesto 2026 por parte del Congreso argentino, primer presupuesto propio del gobierno de Javier Milei, no generó la reacción positiva esperada en los mercados financieros locales, que en muchos casos ya habían anticipado la sanción de la ley y ajustaron sus expectativas con anterioridad. En lugar de celebrarse, la noticia coincidió con señales de estrés financiero y mayores costos de financiamiento en pesos, que se reflejaron en un salto de las tasas de interés y en la intervención del Estado en el mercado cambiario.
El principal indicador de tensión fue la tasa de caución diaria, que se disparó por encima del 140 % anual, un nivel extraordinariamente alto incluso en un contexto de políticas monetarias restrictivas. Las tasas tan elevadas reflejan que los inversores exigieron mayores retornos por mantener instrumentos en pesos, lo que a su vez encarece el crédito y genera dificultad para que empresas y el propio Estado financien sus operaciones internas.
Paralelamente, el Tesoro Nacional intervino fuertemente en el mercado de cambios mediante la venta de dólares, operación utilizada para contener la presión sobre la moneda local y evitar que el dólar mayorista perforara niveles técnicos sensibles. Ese día se negociaron aproximadamente US$ 902 millones en el mercado oficial, un volumen inusualmente alto que, según operadores de la City porteña, dejó en evidencia que el Estado debió desprenderse de reservas para sostener el tipo de cambio y estabilizar el mercado.
Las intervenciones en dólares tienen un doble efecto: por un lado, buscan moderar la depreciación del peso y contener la brecha entre los distintos segmentos del mercado cambiario; por otro lado, implican una salida de divisas que puede erosionar las reservas disponibles, lo cual es particularmente delicado para un país con importantes vencimientos de deuda externa en los primeros días de 2026 y sin un acceso expedito a nuevos recursos internacionales.
La combinación de tasas extremadamente altas y la necesidad de vender reservas también plantea interrogantes sobre la confianza en la consistencia del esquema fiscal y monetario propuesto en el Presupuesto 2026, que apuesta a disciplina fiscal y metas de equilibrio pero que enfrenta dificultades operativas y de financiamiento en un contexto de inflación persistente y brechas cambiarias.
Analistas del mercado señalaron que, más allá de la aprobación parlamentaria, los precios ya habían incorporado buena parte de las expectativas sobre el Presupuesto, por lo que el foco se desplazó hacia la capacidad del gobierno para cumplir con los vencimientos de deuda y controlar las variables macroeconómicas, especialmente en un panorama donde la inflación aún es alta y las reservas no muestran tendencias claras de fortalecimiento.
En los próximos meses, las autoridades económicas deberán enfrentar desafíos sensibles, como el pago de vencimientos de deuda por miles de millones de dólares en enero de 2026, la potencial demora en desembolsos de organismos internacionales y la necesidad de estabilizar tanto la tasa de interés como el mercado cambiario, para evitar que los indicadores de estrés financiero sigan acumulándose y afecten el crecimiento económico proyectado para el año entrante





