Los dos grandes desafíos que tiene por delante Javier Milei tras su contundente triunfo del 26-O

Tras el arrollador triunfo del 26 de octubre, el presidente Javier Milei enfrenta dos tareas clave: por un lado, reconstruir la gobernabilidad en un sistema parlamentario complejo; y por otro, revisar y ajustar su programa económico para reordenar la macroeconomía.
1. Gobernabilidad política
El buen resultado electoral le otorga a Milei un respaldo claro, pero los analistas coinciden en que lo esencial ya no es ganar la elección, sino convertir ese triunfo en una base de sustentación política.
Esto implica:
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Construir alianzas dentro del Congreso y con gobernadores para poder aprobar el Presupuesto 2026 y las reformas estructurales que el mercado espera.
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Asegurar que su núcleo de poder —que combina figuras propias, libertarios y aliados— no se fracture ante internas o resistencias.
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Evitar que el entusiasmo del momento se enfríe, como ocurrió con anteriores mayorías que luego se estancaron.
2. Reordenamiento económico y macro
El triunfo no alivia automáticamente los desafíos económicos. Según el artículo, Milei deberá ajustar su programa para estabilizar la macroeconomía y dar señales concretas al mercado.
Entre los puntos que surgen están:
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El Tesoro y el Banco Central de la República Argentina (BCRA) deben acumular reservas, reducir la dependencia del financiamiento interno y estabilizar las expectativas de inflación y tipo de cambio.
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El régimen de bandas cambiarias, el control del subsidio y el equilibrio fiscal serán claves para evitar que el “momento electoral” se convierta en crisis económica.
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El plan de crecimiento se apoya en tres motores: agroexportación, minería y energía, que requieren reformas y estímulos para dar resultados.
La victoria del 26-O da a Javier Milei un mandato claro, pero los verdaderos exámenes comienzan ahora. La gobernabilidad y la macroeconomía se erigen como los dos grandes frentes que deberán afrontar sin dilación. Si logra consolidar su poder político y avanzar en ajustes económicos creíbles, podría escribir una etapa diferente para Argentina. Si no, el riesgo es que el entusiasmo se diluya y el cronograma de reformas quede en stand-by.




