Argentina: ¿Por qué la inflación se “resiste a bajar” a pesar de tener superávit fiscal y un dólar algo atrasado?

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Aunque el Gobierno argentino ha logrado en 2025 indicadores macroeconómicos inusuales para la historia reciente —como superávit fiscal y comercial simultáneo y una estabilidad cambiaria relativa— la inflación no se ha reducido tan rápido ni de forma sostenida como las autoridades esperaban, lo que genera un interrogante clave en la agenda económica actual.

Datos recientes de inflación

  • Según estimaciones privadas y encuestas, la inflación interanual se mantuvo en torno al 31 % en noviembre de 2025, con la suba mensual de precios cercana al 2,4–2,5 % mensual, impulsada por aumentos en alimentos, servicios y vivienda.

  • Estos niveles representan una caída muy significativa respecto a cifras de tres dígitos de años anteriores, pero aún están lejos de metas bajas y estables que muchos economistas consideran necesarias para anclar expectativas económicas.

Superávit fiscal y su efecto limitado sobre precios

El Gobierno ha exhibido un superávit fiscal prolongado, fruto de recortes del gasto público y una reducción de la financiación monetaria del Tesoro, lo que teóricamente ayuda a desacelerar la inflación al limitar la expansión de la base monetaria.

Sin embargo, el superávit por sí solo no garantiza una baja rápida de precios por varias razones:

  1. Expectativas y confianza económica: La inflación no solo depende de la oferta y demanda agregadas, sino también de cómo hogares y empresas esperan que evolucionen los precios. Si los agentes perciben incertidumbre o riesgo político y económico, mantienen demandas salariales más altas y precios elevados, lo cual puede sostener la inflación.

  2. Choques de precios específicos: Factores como subas en precios de alimentos básicos o insumos importados pueden empujar al alza partes importantes del índice, incluso cuando la política fiscal y monetaria es contractiva.

  3. Desacople entre política y resultados inmediatos: El superávit fiscal ayuda a retirar pesos de la economía, pero su efecto sobre precios puede tomar tiempo y depende de la coherencia de políticas monetarias y cambiarias complementarias.

El papel del tipo de cambio atrasado

El Gobierno ha mantenido un tipo de cambio relativamente controlado o “atrasado” respecto a la inflación, de modo que el peso no se ajusta tan rápido frente al dólar. Esto limita el traslado de devaluaciones a los precios, pero también puede:

  • Reducir el incentivo para la producción doméstica, afectando la competitividad.

  • Contener artificialmente el precio de bienes importados, que de otra manera empujarían al alza los precios generales —aunque también puede limitar el ajuste económico necesario para corregir desequilibrios.

Este atraso cambiario —es decir, un peso más fuerte de lo que “debería” estar dada la inflación— puede contribuir a que las empresas trasladen costos a precios internos en vez de absorberlos, diluyendo parte del impacto antiinflacionario del superávit fiscal.

Estructura económica y dinámica de precios

Además, la inflación en Argentina tiene mucha inercia histórica:

  • Inflación acumulada de años previos genera ajustes continuos de salarios, alquileres y precios relativos que se trasladan al índice general.

  • La economía ha visto ajustes en sectores como energía, transporte y alimentos, cuyos aumentos repercuten con mayor peso en el cálculo de la inflación total.

Conclusión: factores detrás de la “resistencia” de la inflación

En síntesis, la inflación se resiste a bajar rápido a pesar de un superávit fiscal y una política cambiaria relativamente estable porque:

  • La confianza y las expectativas inflacionarias siguen altas.

  • Existen choques de precios específicos y rigideces estructurales en la economía.

  • La política fiscal por sí sola no puede corregir todas las fuentes de presión de precios sin apoyo robusto de política monetaria y un ajuste coordinado del tipo de cambio.